viernes, 11 de agosto de 2017

LA REALIDAD EN GUATEMALA



LA REALIDAD EN GUATEMALA
Sentimos que Guatemala ha ingresado a un periodo de acelerada descomposición en distintas manifestaciones de la vida ciudadana, incluyendo la moral y los valores de convivencia. Esa descomposición, se manifiesta también en la ruina de la política, de la legalidad y en el extravío de la misión de las instituciones públicas. Las relaciones sociopolíticas que se construyen desde el Estado y que sirven de referencia a la sociedad entera, son mediadas casi exclusivamente por el patrimonialismo, el clientelismo y la corrupción.

Adicionalmente, se ha exacerbado la crisis social como consecuencia de la precariedad del empleo, el bloqueo de pequeñas y medianas empresas, pero que representarían múltiples inversiones productivas de amplio beneficio a la población, y las débiles políticas de salud, educación, vivienda y nutrición.

Se observa la huida de talentos jóvenes en todos los estratos de la sociedad y en prácticamente todo el territorio nacional; jóvenes que ya no encuentran futuro en Guatemala. La pérdida del talento humano y la degradación forzada de los valores de convivencia son el indicador definitivo de un país que desciende al caos, como ha ocurrido en algunos países de África y del Caribe.

Ese conjunto de problemas nos acerca riesgosamente a una condición de disolución social, por la pérdida de la autoridad legítima materializada en el Estado. A juicio del G4 el primer paso para superar el estadio actual es reconocer la existencia de una crisis profunda y generalizada, identificar su naturaleza y manifestaciones múltiples.

Es una crisis:
• De la institucionalidad pública, de su funcionalidad, de su credibilidad y de incapacidad para el cumplimiento de sus mandatos constitucionales.
• De valores y moralidad públicas, gravementelesionadas por inequívocas señales de, tráfico de influencias y utilización de la institucionalidad estatal para el enriquecimiento ilícito.
• De falta de confianza de la ciudadanía en las instituciones del Estado.
• Del compromiso ciudadano con la hacienda pública, traducida en una crisis fiscal sin precedentes, como consecuencia del deterioro de la institucionalidad y la confianza públicas, arriba mencionadas.
• Del régimen político, caracterizado por la captura de instituciones de amplia intermediación y representación social, por parte de intereses particulares pecuniarios, con la consecuente fragilidad ideológica, programática y organizativa de la mayoría de partidos políticos, convertidos en meras herramientas de acción electoral.

Nos parece evidente, como a muchos ciudadanos, que el pacto constitucional de 1985 se encuentra en una fase terminal de deterioro, que ya agotó sus posibilidades reales de organizar la convivencia social democrática de las y los guatemaltecos, porque gran parte de su contenido se ha convertido en letra muerta o en objeto de escamoteo, burla o interpretación antojadiza, acomodada a intereses particulares por encima del interés común.